Todos necesitamos trabajar para vivir lo mejor posible. Si puedes decidir libremente hacerlo y esta dedicación se encuentra en armonía con otros aspectos de tu vida, sientes pasión armoniosa por el trabajo porque una vez finalizada tu jornada, desconectas y descansas lo suficiente para volver al día siguiente con las pilas cargadas. Pero existe otro tipo de pasión, la pasión obsesiva por el trabajo que se origina por una presión intrapersonal y/o interpersonal que puede conducirte a una necesidad incontrolable de trabajar de forma constante sin poder desconectar ni en tu escaso tiempo libre. En este caso, aunque la actividad laboral que desarrollas te guste, pero te sientes obligado a realizarla y ocupa un espacio muy grande en tu vida, puede conllevar conflictos con otras áreas de la misma.
Gestionar el aumento puntual de la carga de trabajo y esforzarse por ser productivo es absolutamente necesario en cualquier posición que ocupes en tu organización, pero si esta situación persiste en el tiempo, tienes pasión obsesiva por el trabajo y éste se convierte en tu principal prioridad, puedes correr el riesgo de experimentar adicción al trabajo.
¿Qué caracteriza a una persona con adicción al trabajo?
Un adicto al trabajo es alguien que se siente impulsado o forzado a trabajar, no por la demanda ni el placer del trabajo sino por causas internas que le presionan, haciendo que se sienta culpable sino está trabajando. Según los autores Scott, Moore y Miceli (1997) existen 3 tipos de adictos al trabajo:
- Adictos al trabajo que no pueden controlar su deseo de trabajar y que sufren síntomas de abstinencia cuando no están trabajando.
- Adictos al trabajo orientados a logros, que trabajan muchas horas motivados por la competencia y/o la consecución de objetivos a largo plazo.
Adictos al trabajo perfeccionistas, que trabajan muchas horas por la necesidad controlar el trabajo y alcanzar la perfección.
¿Cuáles son las principales señales de alarma de la adicción al trabajo?
- La tendencia a pasar tiempo en el trabajo sacrificando tu vida familiar y social.
- Tiendes a aislarte socialmente porque has perdido el interés por mantener relaciones personales que puedan quitarte tiempo del trabajo.
- Te cuesta relajarte y en tu tiempo libre estás pendiente de los avisos que recibes en el móvil (correos, Whatsapp, Teams…).
- Has perdido el interés en actividades con las que solías disfrutar antes.
- Descuidas tus hobbies y tu salud, es decir, no realizas suficiente ejercicio físico, te saltas alguna comida del día, trabajas hasta altas horas de la noche, madrugas demasiado, tienes un alto consumo de tabaco, cafeína, azúcar, etc. o consumes sustancias tóxicas.
- Asumes trabajo extra durante las vacaciones o acudes al puesto de trabajo, aunque estés enfermo/a.
- La tendencia a tener pensamientos obsesivos sobre el trabajo aun cuando no estés en él.
- El trabajo es tu principal tema de conversación porque no puedes dejar de pensar en ello.
- Sentir que hay algo dentro de ti que te impulsa a trabajar duro, de manera intensa y compulsiva, incluso cuando no disfrutas de lo que estás haciendo.
- La tendencia a trabajar largas horas más allá de las requeridas y de las necesidades económicas.
- Te sientes culpable cuando no estás trabajando o no trabajas lo suficiente porque sientes que no estás cumpliendo las expectativas de la posición que ocupas, de la que necesitas reconocimiento o de la que anhelas.
Si te has llegado a identificar con parte o con todas estas señales, entonces ya eres consciente de la relación poco saludable que estás manteniendo con tu trabajo y cómo esta relación puede afectar a tu vida. Esto significa que puede ser el momento de realizar cambios, poner límites o pedir ayuda profesional si lo crees conveniente. ¿Otra vida laboral es posible para ti?
“Decidir qué no hacer es tan importante como decidir qué hacer”. Steve Jobs
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